"Desperté en una habitación del Glen Cove, como paciente, después de haber sufrido un aborto espontáneo.
Manny llenó de flores nuestro apartemento a modo de consuelo, pero el único consuelo real que yo tenía era mi fe en un poder superior. Todo lo que ocurre tiene su motivo, la casualidad no existe. (...)
...en ello había también otra importante lección: es posible que no obtengamos lo que deseamos, pero Dios siempre nos da lo que necesitamos."
La rueda de la vida, de Elisabeth Kübler-Ross
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