domingo, septiembre 24, 2006

interior

En la soledad interior de todos hay un fogón cálido y fulgurante. La idea de inconsciente, aunque profunda y maravillosa, hace que a veces se tenga miedo de volver a ese fogón particular. Mal interpretamos el inconsciente si pensamos que es un sótano donde alojamos nuestras represiones y el daño que nos hacemos a nosotros mismos. El miedo a nosotros mismos nos hace imaginar que dentro tenemos monstruos. Dice Yeats: “El hombre necesita un valor temerario para descender al abismo de sí mismo”. Pero lo cierto es que estos demonios no ocupan todo el inconsciente. La energía primordial del alma nos reserva un calor y una acogida maravillosos. Uno de los motivos por los que se nos puso en la Tierra fue para establecer esta relación con nosotros mismos, esta amistad interior. Los demonios nos acosarán mientras tengamos miedo. Todas las aventuras mitológicas clásicas exteriorizan los demonios. Al presentar la batalla, el héroe se engrandece, alcanza nuevos niveles de creatividad y equilibrio. Cada demonio interior es portador de una preciosa bendición que curará y liberará. Para recibir ese don, debes dejar a un lado tu miedo y afrontar el riesgo de pérdidas y cambios que trae consigo cada encuentro interior.

John O'Donohue
Anam Cara
El libro de la sabiduría celta




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